¿Volvieron los inquisidores o nunca se fueron?

En el norte, octubre es despedida; en buena parte del sur, muchas celebramos la vida. Y en el medio, Hollywood nos vendió una película de terror que no tiene nada que ver.

En los últimos días se me llenó el algoritmo de publicaciones sumamente despectivas sobre octubre y todas parten de la ignorancia, el prejuicio y/o el fanatismo religioso.

Quizás en otro momento hubiese seguido de largo, pero estoy en un momento en el que ya no quiero callarme, ni tampoco quiero ser acusada de cosas que no soy.

No lo voy a negar: ante algunas cosas que me cruzo respondo, discuto. Pero más allá de eso, sentí la necesidad de tomarme el tiempo para escribir sobre esto.

En el hemisferio norte se despide, en el sur se florece: no es lo mismo

Vamos a aclarar algo en cierta forma redundante, pero que con las redes sociales parece sumamente necesario: en el hemisferio sur no celebramos lo mismo que en el norte, porque la rueda de festividades neopaganas está asociada a los ciclos de la naturaleza. ¡Y claramente algunxs disfrutamos del florecer de la primavera mientras otrxs transitan el marchitar del otoño!

En este caso quiero centrarme en Halloween porque, además de estar en octubre, estamos en un momento en el que en nombre de Dios se falta el respeto, se descalifica, se asesina, etc.

Halloween tiene raíces en Samhain (se pronuncia “sow-in”), una festividad ancestral gaélica de Irlanda, Escocia y la Isla de Man, y en las tradiciones cristianas de los muertos: su nombre viene de All Hallows’ Eve, la víspera de Todos los Santos. Samhain marcaba el fin de la cosecha y el inicio de la mitad oscura del año. Era un momento en el que se abría el paso al Otro Mundo, y en el que se honraba a los ancestros. Hoy, en la tradición neopagana, se suele decir que “el velo entre mundos se hace más fino”.

¿Cuándo era Samhain? El 31 de octubre / 1 de noviembre en el HEMISFERIO NORTE. Pleno otoño, hojas que caen, naturaleza que se seca, que muere.

Nosotras, acá en Argentina y en el hemisferio sur, estamos al revés. El 31 de octubre estamos en plena primavera: todo florece y la luz del sol empieza a extender su fuerza.

En la Rueda del Año de la tradición neopagana -una construcción del siglo XX que une las antiguas fiestas gaélicas con solsticios y equinoccios-, lo que muchas celebramos en esta fecha, en el sur, no es Samhain sino Beltane. El festival del fuego, de la fertilidad, de la vida que explota. Flores, amor, pasión, creatividad.

Aclaro: no es unánime; hay quienes en el sur siguen celebrando Samhain el 31 de octubre, y está bien. Cada camino tiene sus formas.

Tampoco es que en el sur no se honre a la muerte. En el norte argentino y en los Andes, el 1 y 2 de noviembre se honra a los muertos con ofrendas, pan, tantawawas y visitas a los cementerios, y México celebra el Día de Muertos de una manera profundamente festiva. Hay muchas formas de vincularse con quienes ya no están, y ninguna es “satánica”.

Imaginen mi cara al ver los posteos de gente vecina diciendo que octubre se siente pesado por los rituales paganos. ¡Estamos celebrando la vida!

El paganismo no es una religión única

Acá también hay una gran confusión, porque vivimos en una gran ensalada donde la gente parece leer frases sueltas de redes y a partir de eso creerse experta.

La palabra paganus en latín significaba “habitante del campo” o “civil”. Luego comenzó a usarse para nombrar a quienes eran politeístas.

Hoy, “paganismo” es un término paraguas que agrupa religiones y creencias espirituales muy diferentes y si bien no quiero convertir esto en una clase de historia, quisiera hacer algunas aclaraciones:

  • Conviene distinguir el paganismo histórico (las religiones antiguas de Grecia, Roma, los pueblos germánicos, los gaélicos, etc.) del neopaganismo.
  • Dentro del neopaganismo encontramos movimientos contemporáneos que se inspiran en lo antiguo como la religión wicca, el druidismo moderno, la brujería tradicional y muchos más.
    Algunas personas incluyen también el chamanismo, aunque en sentido estricto es una categoría aparte -y es de las prácticas más antiguas-.
  • Lo que estos caminos suelen tener en común no es un dios sino una forma de ver el mundo: cíclica, conectada a la naturaleza, sin un dogma central único.

Y en este punto hay algo obvio pero ignorado por una gran cantidad de gente que habla de lo que no sabe: las tradiciones paganas ni siquiera creen en Satán. ¿Entienden? La mayoría no creemos en Satán, pero nos acusan de satánicos porque celebramos algo diferente al dogma de quienes critican.

Satán es una figura judeocristiana. Para creer en él tenés que creer en esa cosmovisión. Un pagano no adora a Satán porque Satán directamente no existe en su cosmovisión.

Decir “los paganos adoran a Satanás” es un error histórico con siglos de antigüedad. Viene de la demonización cristiana de los dioses paganos desde los primeros siglos del cristianismo, y se consolidó en la baja Edad Media con la idea del sabbat diabólico y manuales como el Malleus Maleficarum (1486), que alimentaron la caza de brujas. Una forma fácil de demonizar lo que no se entendía, y que en 2026 seguimos viendo.

Uso “inquisidores” en el título como metáfora: la caza de brujas la llevaron adelante, sobre todo, tribunales civiles y eclesiásticos de todo tipo, no solo la Inquisición y, además, adhiero a la visión de Silvia Federici en cuanto a que fue un proceso ligado también al desarrollo del capitalismo.

Y una aclaración más para que no se confunda: el satanismo moderno -el de LaVey o el Templo Satánico- es un movimiento aparte, que en su mayoría no cree literalmente en Satán, y que no es paganismo.

Halloween no es lo que te mostró Hollywood

Hollywood tomó tres cosas y las mezcló para vender entradas:
El miedo a la muerte
La estética pagana (pentáculos, velas, bosque)
Mucha sangre falsa

El Halloween ancestral no buscaba generar terror; según el folklore, se encendían fuegos, se compartía la comida, se contaban historias para mantener viva la enseñanza de los antepasados y se pedía protección para el invierno. Hoy, muchas personas sumamos rituales como dejar un plato extra para quienes ya no están y está bien que así sea: los ritos también se reinventan.

No hay evidencia confiable de sacrificios humanos en Samhain ni de pactos oscuros: esa imagen viene de fuentes religiosas y de la ficción. Lo que abunda en el folklore es el fuego, la comida compartida y la memoria. Las manzanas, tan asociadas a la fecha, probablemente se sumaron más tarde por la fusión con tradiciones romanas.

Lo que hoy ves en las películas es una fantasía religiosa + capitalismo + terror. Es entretenimiento, no historia.

¿Y ahora, qué pasa con Halloween?

Ahora se siguen leyendo mensajes basados en la ceguera religiosa, en la ignorancia y la confusión entre marketing y realidad; a esto se me suma que creo firmemente que en nombre de Dios se cometieron (y cometen) los crímenes más atroces.

La realidad es que nadie va a adorar a Satán por disfrazarse, por pedir dulces o por poner flores y/o comida en un altar; tampoco van a adorar a Satán por ir al panteón del cementerio a honrar a sus muertos. Y nadie hace algo satánico por celebrar la primavera.

Mientras en octubre algunos ven oscuridad y energías densas, nosotras estamos celebrando la vida en todas sus formas.

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