Ser bruja es un acto político: espiritualidad, memoria y resistencia feminista

En tiempos donde parece que la vida es lo que mostramos en redes sociales —donde todo debe ser estético, perfecto y vendible— y cuando el éxito parece medirse en likes y seguidores, muchas cosas corren el riesgo de vaciarse de contenido y la espiritualidad no es la excepción.

¿Por qué ser bruja es un acto político?

Ser bruja es un acto político porque implica recuperar la memoria histórica de las mujeres perseguidas y asesinadas debido a sus conocimientos y autonomía.

Lejos de una moda estética, reivindicar la brujería hoy es una postura de resistencia frente a un sistema (patriarcal) que nos quiere divididas, compitiendo y completamente desconectadas.

Lo espiritual sin conciencia social es solo marketing

Autoproclamarse bruja va mucho más allá de los rituales, las creencias o la estética. Ser bruja implica una postura frente al mundo: una forma de mantener viva la memoria de las mujeres perseguidas y asesinadas por desafiar el orden establecido. También es una manera de no ceder ante un modelo que avanza en la destrucción de nuestra tierra.

Ser bruja es reivindicar una historia que fue silenciada y que intenta ser convertida en mito, pero que guarda la raíz de una lucha: la de las mujeres que se atrevieron a pensar, sanar, decidir y vivir en libertad.

La memoria de las que vinieron antes: datos históricos

La caza de brujas (siglos XV-XVIII) no fue un evento religioso aislado, sino un proceso político-económico fundamental para el nacimiento del capitalismo, buscando el control sobre el cuerpo y la fuerza de trabajo femenina. Se estima que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas.

Y acá, es importante dejar en claro que el nacimiento del modelo capitalista fue clave.

Como explica Silvia Federici en su obra fundamental Calibán y la bruja:

“La caza de brujas contribuyó a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizarla como sujeto.”

Para entender la magnitud, debemos mirar los datos históricos:

  • Periodo: entre los siglos XV y XVIII.
  • Víctimas: entre 40.000 y 60.000 personas ejecutadas (la gran mayoría mujeres).
  • Procesadas: unas 90.000 personas fueron juzgadas.
  • El perfil: parteras, herbolarias, curanderas, botánicas, solteras y ancianas, sabias.

Sus conocimientos sobre el cuerpo, las plantas y los ciclos de la naturaleza representaba una amenaza para un sistema que necesitaba disciplinar los cuerpos femeninos y controlar la reproducción, el trabajo y el saber.

“Las brujas han sido históricamente mujeres que se atrevieron a ser valerosas, agresivas, inteligentes, no conformistas, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarias.” — Silvia Federici.

La bruja como símbolo de resistencia actual

En la actualidad, reivindicar la figura de la bruja es una respuesta ante el auge de discursos de odio, individualismo y violencia de género. Es una herramienta de empoderamiento colectivo.

Recordar a las brujas no es un simple acto de nostalgia, sino un acto de justicia. Nombrarnos brujas es reclamar esa herencia de sabiduría, de conexión con la Tierra, de ciclicidad y comunidad. Es recuperar la conciencia política que implica encarnar esa energía en el presente.

Somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar no porque hacemos rituales, leemos el tarot, tenemos una espiritualidad consiente o sabemos de terapias alternativas. Somos brujas porque cuidamos y luchamos por nuestros derechos, abrazamos lo colectivo, alzamos la voz por las minorías y por lxs que ya no están; defendemos nuestra libertad y autonomía asi como también la tierra que habitamos.

Reivindicar la palabra “bruja”

“La bruja encarna a la mujer liberada de todas las dominaciones, de todas las limitaciones; es un ideal hacia donde ir. Nos muestra el camino.” — Mona Chollet, Brujas: la potencia indómita de las mujeres.

Reivindicar la palabra bruja es volver a dotarla de poder. Es reconocerse parte de una red de mujeres y disidencias que siguen tejiendo desde el conocimiento, la intuición, la magia y la acción política.

Es elegir la profundidad por sobre la superficie, la memoria por sobre el olvido, la conexión por sobre el consumo fugaz y descartable. Ser bruja, hoy, es recordar, resistir y transformar. Es un acto de amor, pero también de rebeldía.

Por qué me autoproclamo bruja

¿Soy bruja porque soy feminista o soy feminista porque soy bruja? No sé qué fue primero, pero creo que fue reconocerme feminista. Me crié en un sistema completamente patriarcal y de chica no tengo dudas de que era una mujer machista, una perfecta “hija sana del patriarcado”.

Con los años, la experiencia y el estudio, esas capas desconectadas de mi esencia fueron cayendo. Igualmente, soy una convencida de que la deconstrucción es eterna; dura mientras dure nuestra vida.

  • Siempre vamos a tener que desaprender cosas con las que crecimos.
  • Siempre vamos a tener que aprender cosas de nuestro contexto presente.
  • Nadie es una feminista perfecta.

El punto está en tener claro eso y vivir con la mente y el corazón abiertos para nunca dejar de conmovernos ante las injusticias que nos rodean y ante las nuevas realidades que nos toque conocer.

El despertar de las brujas no es un acto de rebeldía religiosa ni tampoco una moda pasajera. Es un despertar necesario, es la memoria latiendo.

Libros recomendados sobre Brujas, Feminismo y Política

Para profundizar en la intersección entre historia, política y espiritualidad, recomiendo la siguiente bibliografía esencial:

TítuloAutoraEnfoque Principal
Calibán y la brujaSilvia FedericiAnálisis histórico-marxista sobre la transición al capitalismo y la caza de brujas.
Brujas: la fuerza indómita de las mujeresMona CholletEnsayo sobre la bruja como modelo de mujer independiente y rebelde hoy.
Mujeres que corren con los lobosClarissa Pinkola EstésPsicología arquetípica y recuperación de la naturaleza instintiva femenina.

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