Ser bruja es un acto político: espiritualidad, memoria y resistencia feminista
Ser bruja es un acto político. En tiempos donde parece que la vida es lo que mostramos en redes sociales —donde todo debe ser estético, perfecto y vendible— y cuando el éxito parece medirse en likes y seguidores, muchas cosas corren el riesgo de vaciarse de contenido y la espiritualidad no es la excepción.
¿Por qué ser bruja es un acto político?
Ser bruja es un acto político porque implica recuperar la memoria histórica de las mujeres perseguidas por su conocimiento y autonomía. Lejos de una moda estética, reivindicar la brujería hoy es una postura de resistencia frente al sistema patriarcal y capitalista, uniendo la espiritualidad con la conciencia social y la lucha por los derechos humanos.
Ser bruja es un acto político. En tiempos donde parece que la vida es lo que mostramos en redes sociales —donde todo debe ser estético, perfecto y vendible— y cuando el éxito parece medirse en likes y seguidores, muchas cosas corren el riesgo de vaciarse de contenido y la espiritualidad no es la excepción.
Hoy, “ser bruja” se ha vuelto una suerte de tendencia: velas, rituales, cuarzos y frases motivacionales circulan como si eso bastara para iluminar nuestro crecimiento espiritual. Pero detrás de esa estética hay una historia más profunda, una historia que duele y que, por eso mismo, es política.
Lo espiritual sin conciencia social es solo marketing
La espiritualidad moderna corre el riesgo de convertirse en un producto de consumo si ignora las desigualdades sistémicas. La verdadera práctica implica reconocer la genealogía de resistencia de las mujeres.
Autoproclamarse bruja va mucho más allá de los rituales, las creencias o la estética. Ser bruja implica una postura frente al mundo: una forma de mantener viva la memoria de las mujeres perseguidas y asesinadas por desafiar el orden establecido.
Como suelo decir: “Lo espiritual y lo esotérico sin conciencia social solo son marketing.”
Declararse bruja es reconocerse parte de una genealogía de resistencia frente a un sistema que intentó quebrar la autonomía, la sabiduría y el poder de las mujeres. Es reivindicar una historia que fue silenciada y que intenta ser convertida en mito, pero que guarda la raíz de una lucha: la de las mujeres que se atrevieron a pensar, sanar, decidir y vivir en libertad.

La memoria de las que vinieron antes: datos históricos
La caza de brujas (siglos XV-XVIII) no fue un evento religioso aislado, sino un proceso político-económico fundamental para el nacimiento del capitalismo, buscando el control sobre el cuerpo y la fuerza de trabajo femenina. Se estima que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas.
La caza de brujas no fue un episodio aislado de fanatismo religioso, sino un proceso político y económico que acompañó el nacimiento del capitalismo.
Como explica Silvia Federici en su obra fundamental Calibán y la bruja:
“La caza de brujas contribuyó a destruir el poder social de la mujer, a desvalorizarla como sujeto.”
Para entender la magnitud, debemos mirar los datos históricos:
- Periodo: entre los siglos XV y XVIII.
- Víctimas: entre 40.000 y 60.000 personas ejecutadas (la gran mayoría mujeres).
- Procesadas: unas 90.000 personas fueron juzgadas.
- El perfil: parteras, herbolarias, curanderas, sabias.
Sus conocimientos sobre el cuerpo, las plantas y los ciclos de la naturaleza representaba una amenaza para un sistema que necesitaba disciplinar los cuerpos femeninos y controlar la reproducción, el trabajo y el saber.
“Las brujas han sido históricamente mujeres que se atrevieron a ser valerosas, agresivas, inteligentes, no conformistas, curiosas, independientes, liberadas sexualmente, revolucionarias.” — Silvia Federici.
La bruja como símbolo de resistencia actual
En la actualidad, reivindicar la figura de la bruja es una respuesta ante el auge de discursos de odio, individualismo y violencia de género. Es una herramienta de empoderamiento colectivo.
Recordar a las brujas no es un simple acto de nostalgia, sino un acto de justicia. Nombrarnos brujas es reclamar esa herencia de sabiduría, de conexión con la Tierra, de ciclicidad y comunidad. Es recuperar la conciencia política que implica encarnar esa energía en el presente.
Un presente en el que crecen los discursos de odio y de individualismo. Un presente en el que pareciera que estudiar quedó vintage porque poco parecen importar los datos y el conocimiento. Un presente hostil que nos angustia, nos duele, nos arde y nos quema.
Hoy ya no nos meten vivas en las hogueras, pero vivimos otras violencias sistémicas:
- El miedo constante: vivimos con el miedo de ser la foto del próximo cartel pidiendo Justicia.
- La inseguridad: el pánico de que nuestra amiga no mande el mensaje de “llegué bien”.
- La objetivación: la bronca de ver cómo impunemente sexualizan y opinan de nuestros cuerpos.
- La lucha pedagógica: tener que seguir explicando qué es un femicidio y por qué es vital nombrarlo así.
En esta continuidad histórica, ser bruja es seguir resistiendo. Porque no se trata solo de hacer rituales, leer el tarot o saber de terapias alternativas. Ser bruja es cuidar y luchar por nuestros derechos, es abrazar lo colectivo, es alzar la voz por las minorías y por lxs que ya no están; es defender nuestra libertad y autonomía. Ser bruja es un acto político.

Reivindicar la palabra “bruja”
“La bruja encarna a la mujer liberada de todas las dominaciones, de todas las limitaciones; es un ideal hacia donde ir. Nos muestra el camino.” — Mona Chollet, Brujas: la potencia indómita de las mujeres.
Reivindicar la palabra bruja es volver a dotarla de poder. Es reconocerse parte de una red de mujeres y disidencias que siguen tejiendo desde el conocimiento, la intuición, la magia y la acción política.
Es elegir la profundidad por sobre la superficie, la memoria por sobre el olvido, la conexión por sobre el consumo fugaz y descartable. Ser bruja, hoy, es recordar, resistir y transformar. Es un acto de amor, pero también de rebeldía.
Por qué me autoproclamo bruja (Testimonio personal)
Quienes me siguen en redes sociales, pueden ver que ya en mi biografía de pocos caracteres aclaro quién soy: soy bruja feminista.
Si tengo que ser honesta no sé qué fue primero, pero creo que fue reconocerme feminista. Tengo cuarenta años, me crié en un sistema completamente patriarcal y de chica no tengo dudas de que era una mujer machista, una perfecta “hija sana del patriarcado”.
Con los años, la experiencia y el estudio, esas capas desconectadas de mi esencia fueron cayendo. Igualmente, soy una convencida de que la deconstrucción es eterna; dura mientras dure nuestra vida.
- Siempre vamos a tener que desaprender cosas con las que crecimos.
- Siempre vamos a tener que aprender cosas de nuestro contexto presente.
- Nadie es una feminista perfecta.
El punto está en tener claro eso y vivir con la mente y el corazón abiertos para nunca dejar de conmovernos ante las injusticias que nos rodean y ante las nuevas realidades que nos toque conocer.
Si voy a mi vida “brujeril”, viví cosas desde muy chica, pero creo que jamás me hubiese reconocido bruja sin haberme reconocido antes feminista. Comparto esto que es personal porque quizás te sirva. Aún si sos adulta y no te reconoces con el feminismo: nunca es tarde para acercarte en busca de comprender por qué siempre se está a tiempo de conectar con nuestra verdadera esencia.
El despertar de las brujas no es un cuento antiguo: es una revolución que sigue latiendo. Y que ese latido suene cada vez más fuerte depende de todxs lxs que buceamos en la profundidad de nuestra historia.
Libros recomendados sobre Brujas, Feminismo y Política
Para profundizar en la intersección entre historia, política y espiritualidad, recomiendo la siguiente bibliografía esencial:
| Título | Autora | Enfoque Principal |
| Calibán y la bruja | Silvia Federici | Análisis histórico-marxista sobre la transición al capitalismo y la caza de brujas. |
| Brujas: la fuerza indómita de las mujeres | Mona Chollet | Ensayo sobre la bruja como modelo de mujer independiente y rebelde hoy. |
| Mujeres que corren con los lobos | Clarissa Pinkola Estés | Psicología arquetípica y recuperación de la naturaleza instintiva femenina. |